De repente abrí los ojos, y en un completo momento de
confusión; quizás alucinando; me costaba entender lo que sucedía a mi
alrededor. Un silencio sepulcral se hunde en mis oídos. Que está pasando me
pregunté? La respuesta es simple y perjudicial. No lo sé!!!
Sé que estoy encerrado en un cuarto: repentinamente
escucho algo entre el silencio… y a lo
lejos puedo distinguir el ruido de los vehículos. Hago un recuerdo de lo
sucedido y a mi mente llegan como repentinos rayos de luz, los recuerdos de un
momento de estruendo, acompañado con bruscos movimientos que en mis años de
vida los había sentido.
Logro salir a la calle. Existe caos; camino como si
estuviera en un sueño. Cosas y casas destruidas; personas asustadas y heridas. Ellas
desaparecen. Empiezo a sentirme solo por primera vez en mis 39 inviernos.
Que es ese ruido? –Me pregunté- busque el origen del
mismo y me encontré con un perro. En sus ojos reinaba el dolor. De inmediato
supe que sería mi única compañía en este laberinto de dudas, que de a poco
trato de entender.
Cae la noche en mi mar de incógnitas. El cansancio me
vence. Quiero dormir durmiendo sin despertar. No puedo. Mis ojos no se cierran…
Los sonidos los abren.
Con la luz del sol, las cosas parecen acararse un poco. Aparecen
algunos conocidos. Pero solo me traen preguntas a mis preguntas. Todos estamos
en las mismas condiciones. Soló sabíamos que el sol volvió a salir y debemos
buscar las respuestas.
La duda con sus brazos me abraza. No puedo quedarme quieto
ni ir lento. Hay que buscar respuestas. Somos solo once los que estamos en una
zona que la habitaban más 200 almas. De seguro seguiré siguiendo en esta incertidumbre
de saber qué fue lo que pasó con el mundo que conocía.

